¿Qué ganas cuando pierdes?
Se puede perder en algo y ganar a la vez. Y viceversa.
Hace casi año y medio comencé un camino difícil, pero con ayuda. Desde entonces, cuatrocientos cincuenta y cinco días, sin haber terminado, días mejores y peores, con feedbacks positivos en general, me da por reflexionar. ¿Por qué? Pues porque no sé si será casualidad o por aquello que se dice que los dispositivos están con el micrófono encendido continuamente y escuchan conversaciones y casi hasta los pensamientos, me saltan al móvil en redes y demás noticias y opiniones acerca del ozempic y similares.
Sí, mi ayuda han sido las inyecciones. He pasado muchos años, intentándolo sóla, con alimentación y gimnasio o piscina, sin resultados mínimamente esperanzadores o motivadores. No ha sido exactamente el ozempic pero primas hermanas (Saxenda y wegovy).
Ni que decir tiene que con este tipo de “ayuda” en el mejor de los casos pierdes kilos (sé de casos que no) pero también mucho dinero. Una vez más se estigmatiza una realidad, se condena, nos culpabiliza, nos responsabiliza… Se puede financiar un tratamiento para dejar el tabaquismo pero para la obesidad no hay ayudas, sólo dedos acusadores, mofas, burlas, dolor y sufrimiento.
Porque sí, por mucho que desde hace años se hable que existe gordofobia (que lo hay) y del movimiento curly love o como se llame, en el fondo es aceptarse y sentirse orgulloso de ser como se sea, no es menos cierto que cuando sobran más de veinte, treinta, cincuenta kilos no hay que simplemente aceptarse, hay algo en el fondo, en la forma, hay salud mental dañada, hay heridas de la infancia, hay supervivencia con cicatrices, puede que similitudes con personas que pasen por distintas adicciones, hay en definitiva enfermedad. Patologías varias.
¿Pero qué ganas? ¿Se puede hacer este tipo de tratamientos sin más?
No quiero ser prepotente y dictaminar desde una atalaya cómo se tienen que hacer las cosas, pero creo firmemente que como en muchos tratamientos donde hay un aroma a salud mental, es, diría imprescindible, acompañarlo de una terapia. A cada cual le irá mejor una, sistémica, psicoanalista, cognitivo-conductual…
Desde luego yo ya llevaba más de dos años de terapia cuando fui a mi doctora de cabecera a pedir ayuda para también con mi esfuerzo perder peso. Claro para la terapia también se pierde dinero, tampoco se trata en una sanidad universal.
Desde un tiempo a esta parte dudo si el entorno te trata diferente porque una misma cambia, o una cambia porque el entorno trata diferente. El huevo y la gallina. No tengo, todavía, una conclusión al respecto. Sé o creo que la mirada es diferente y los comentarios más habituales es qué bien te veo, es por salud. Hubo una vez, sólo una, que fue cuando ocurrió cuando mi mente paró y dijo ostias, que hay muchas lecturas y sólo se da una casi, por unanimidad. Un día en el garaje, el vecino del coche de al lado al verme dijo, se te ve mucho más delgada, ¿estás bien? Sale de inmediato, sí claro. Igual que sale de inmediato cuando dicen has adelgazado mucho, sí un poco o pero todavía me queda. Pero fue montarme en el coche y pensar Bea, caes en la misma trampa creer que bajar de peso es siempre bueno. En la época de Rubens era estar entrada en carnes señal de salud y ahora justo lo contrario.
Aclaro que adelgazar no hace que una haga las paces con su cuerpo o deje de repugnar verse en el espejo, no al menos en mi caso.
Claro que entiendo cuando divulgadoras (en general me salen más divulgadoras que divulgadores, o me paro más a escucharlas a ellas en todo) hacen crítica de el uso o abuso de ciertos medicamentos para adelgazar. Primero por supuesto porque siendo algo relativamente nuevo se desconocen los efectos secundarios que puede haber en el organismo. No comparto tanto cuando se dice es que es para diabéticos y no para adelgazar. Sin ser yo experta en nada, creo recordar que hay muchos medicamentos que empezaron con otra idea y se fueron cambiando a otros tratamientos, que me rectifiquen quien lo sepa, pero hay medicamentos para el insomnio que surgieron en un principio para la alergia o viceversa, la viagra su inicio era para tema coronario incluso la famosa bebida con carbohidratos y burbujas empezó queriendo ser un jarabe o eso dice la leyenda. Las reflexiones también van al tema estrella, nos convencen las marcas, la publicidad, las redes que hay que estar delgada y por eso se hace. No dudo que haya casos que lo hagan para adelgazar incluso sin necesitarlo o para ayudar a la operación bikini, pero hay muchos casos, entiendo que los de la seguridad social que cuando se receta (que no financian) es por un ICM peligroso para la salud. La sanidad privada ya es otra historia.
Confieso que cuando empiezo a escuchar alguna queja al respecto me viene a la cabeza que posiblemente sin haber vivido ciertas cosas es más difícil entender ciertas decisiones.
¿Me da miedo los posibles efectos secundarios? ¿Me da miedo si hay algún efecto rebote? ¿Me da miedo….? Sí a todo. Soy miedosa. De igual forma antes de perder casi cincuenta kilos también tenía miedos, distintos algunos otros se mantienen porque nada tiene que ver con el peso. No recuerdo el primer miedo, pero sí, el primero de la pandemia. Cuando se empezaba a saber que personas eran más vulnerables a sufrir peores consecuencias en caso de contagiarse; desde ese primer telediario, desde esa primera comparecencia de Fernando Simón o Alfredo Correl en mi mente se instaló para quedarse una frase “cuando lo cojas morirás”. Sin dudas.
Lo cogí. Estuve en el Zendal.
Sigo viva.
Pero la idea de la muerte…se instaló. A veces como ese monstruo de debajo de la cama, a veces como esa amiga que quieres ver. Un miedo nuevo, miedo a querer ir a buscar a esa amiga.
Empezaba preguntando que se gana.
Pues se gana flexibilidad, sensibilidad, cierta agilidad, horas de sueño reparador perdidas por posiblemente apneas en la noche, respirar mejor, abandonar la fatiga, la pereza… poquito de cada, se perdió demasiado en el camino de estos casi cincuenta años.
Alegría no, cuando iba perdiendo casi cuarenta y pico kilos hubo quien me dijo qué bien, tienes que estar contenta ¿quién pierde cuarenta kilos? Sin dudarlo mi respuesta fue, quien le sobra.

