martes, 5 de enero de 2021

Sobreviviendo en el Zendal

     Pues ya pasó la cuarentena. Pasó el verano y llegó el invierno con sus fiestas que había que salvar. Hay que salvar la economía, la hostelería, el turismo. Abrimos las puertas, aeropuertos, ya va bajando el teletrabajo, y bajando las precauciones. El miedo parece que está en otros sitios. Los números van subiendo, la incidendia se dispara, las hospitalizaciones también. Ya no nos podemos permitir más confinamientos así que a seguir viviendo esquivando el virus si se puede.

    De repente a mediados de diciembre, a puertas de la lotería de navidad, un positivo en casa. No nos vamos a engañar. Hay miedo. Por como se evoluciona por como con una casa normal con un baño intentamos no contagiarnos todos. Por todo. Quizá el único miedo que no se tenía en ese momento era el miedo económico. A los pocos días comienzo yo con síntomas. Nuestro hijo parece que se libra. A pesar de llamar antes de nochebuena al centro de salud, y me hacen la PCR justo el 23... Con fiestas de por medio, sigo con síntomas, mientras pongo las fuerzas que puedo en seguir de cuidadora e inentando no contagiar a mi hijo. El domingo anterior a la semana de nochevieja, hay que llamar a una ambulancia. Se llevan a mi marido y lo trasladan al Zendal, maldita inocentada. Hasta el martes 29 no me comunican mi resultado de PCR y porque lo reclaman, yo sigo con decimas, según una enfermera que me llama febrícula (teniendo 37.9). Mi tos va empeorando. Cuando otro doctor reclama mi prueba y me conunida el positivo me dice que si sigo así desde hace una semana que vaya al hospital. No quiero. Sé que debo. Pero está mi hijo asustado sin su padre, no quiero ni valorar que me puedan ingresar aunque dentro de mi sé que lo harán. Ni me preparo bolsa con ropa para ver si atraigo a la buena suerte. Todavía no llega la suerte. Neumonia bilateral yo también por covid. Al día siguiente al Zendal. Algo bueno estaré con él.

     Y allí.... el mundo a los pies.... Y todavía hay camas vacías. Será peor días después. 

     Con dos días de antigüedad mi marido que ya le veo mucho mejor que como salió de casa me dice unas claves que me las tomo como un mantra para la finalidad, salir de alli recuperada. Quien come no muere. Andar mucho. No dormir tumbado del todo. Así pasamos los días. Pasillo arriba pasillo abajo entre chute de oxigeno y chute. Cada vez aguantando más sin el oxigeno, cada vez más minutos andando. Controles tres veces al día de temperatura, tensión, saturación... Se nota que falta personal pero en general quien trabaja alli es muy amable y cariñoso. También se ve miedo en algunas miradas de quien trabaja. Como para no tenerlo viendo a gente que está tumbada las 24h del día con oxigeno, fiebres, diarreas...  La primera noche se tienen que llevar a una de mi pasillo a cuidados intensivos. La mirada de miedo también está en las camas tapadas.... Nosotros seguimos con la mente de todo lo que nos movamos será de ayuda. Mover piernas, corazón y pulmones....

    Fallos en el Zendal? Los hay. No lo reprocho al personal que entiendo que hacen lo que pueden. Pasar la nochevieja allí no fue fácil, enterarte que había para subir uvas y pudiéramos hacer las campanadas y que se les "olvidase" no fue bonito para qué negarlo. Por suerte tuvimos a un celador que nos dejó a mi marido y a mi darnos un abrazo tras las campanadas. Un abrazo que nunca se olvidará. Pero peor que las uvas fue algún fallo en la medicación, porque iban llegando más pacientes y más graves. Ya en mi pasillo todas las camas ocupadas...

   Por fin antes de reyes nos dieron el alta, los dos queríamos empatar y salir a la vez. Juntos. Y lo conseguimos. En casa hay que continuar tratamiento y cuarentena. Pero en casa. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario