Si más de una semana no se puede estar sin llorar, si más de tres días no se puede estar sin llorar, si más de 24 horas no se puede estar sin llorar.... Si no puedo escribir porque no puedo estar sin llorar....
No sé si publicaré esta nueva entrada de este blog que no hace más que intentar que a ver si sacarlo de mi cabeza a alguien que sigo siendo yo, soy capaz de desmontar ideas.
La verdad es que ni sé si escribiré alguna frase más de la que ahora mismo mis dedos van por el teclado dejándose llevar. Casi sin ver, casi sin pensar, casi sin filtrar....
Me cuesta pensar, llevo tiempo así, para qué negarlo. Me cuesta concentrarme. Me cuesta en ocasiones encontrar palabras que expresen una simple idea que digo en una conversación cualquiera. Pero aunque esto me angustie ni si quiera es por ello por lo que las horas pasan mas lentas que mis lágrimas. La tristeza se ha quedado para quedarse. La ansiedad campa a sus anchas en mis adentros. Me falta el aire. Me sobra el ruido. Me faltan abrazos. Me sobro yo. Me falta cariño. Me sobran las ideas de acabar. Me faltan las ganas de seguir.
Podría echarle la culpa a la pandemia, a los estados de alarma, a los confinamientos, a las cuarentenas, a los virus, pero nunca he sido persona de ir buscando culpables. Soy de las que reflexiona hasta el infinito y busca causas sobre las causas para en una campaña interminable encontrar la forma de solucionar gestionar y vivir. Hasta ahora medio soluciono, medio gestiono por etapas que ni sé bien de qué depende esa gestión más satisfactoria, y desde luego sobrevivo cuanto menos. No sé si es que no puedo con la vida o que la vida ha podido conmigo. Igual que puedo estar conduciendo en autopista y como un cometa aparece y desaparece en mi mente la posibilidad de acelerar y estrellarme donde sea y parar; igual de noche las ideas de morir me crean taquicardias, angustias, sufrimientos que solo con voces de fuera puedo ir haciendo callar o dormir hasta que llegue la noche siguiente y vuelva a aparecer. Y es que cuando alguien tiene esas ideas suicidas no quiere morir, solo dejar de sufrir. Y ya sé que el sufrimiento forma parte de la vida, y sé que sufrir no tiene, por qué ser malo necesariamente, y ya sé que cuando uno sufre puede valorar más lo buenos momentos; pero también sé que cuando dejas de sentir lo bueno como se debe y el sufrimiento está enquistado, eso, eso, ya no es parte de la vida. Eso es parte de un problema mental, la salud mental que todo el mundo habla y nadie fomenta, la salud mental que atormenta y avergüenza, esa salud mental que cuando se den cuenta que se debería haber focalizado y potenciado para much@s ya será tarde. Para mi ya va siendo tarde.
No hay comentarios:
Publicar un comentario