Se acerca el primer domingo de mayo. Se acerca un año más el día de la madre. Feliz día a todas las madres. Las buenas y las malas.
No viví, ni me crié, ni crecí en una burbuja. Por más que quiera luchar a mis años con el heteropatriarcado, no estoy inmunizada. Así que yo también mamé la maternidad entendida con esa heroicidad, madre con una bondad sin límites, que debe anteponer a la familia a ella misma, esa que con una soplo y un beso arregla el mundo, aquella que resiste sin dormir ni descansar y aun así nunca enferma. No porque así fuese la mía. Esa es la visión que se respiraba alrededor.
Así con esa idea malentendida de cómo debe ser una mujer, porque una mujer debe ser madre, sin ser consciente de tener esa idea si quiera.... me convertí en madre. Nunca quisé ser madre. Puede, seguro que porque teniendo un hermano quince años menor que yo, de alguna manera fui madre antes de tener un hijo. Noches en vela, biberones, cólicos lactantes que tus brazos y pocos más calman, dientes, pañales, llantos, risas, primeras palabras.... y anteponer también sus necesidades y por ende la de la familia a la de una misma. Me necesitaban, Allí estaba. No en el instituto. No porque no quisiera ir. Porque mi familia, mi hijo-hermano me necesitaba.
Pero casi a los treinta años se despertó ese reloj debe ser o por las circunstancias o por la pareja o por lo que fuera.... Fui madre.
Y ya en mi había despertado mucho antes las ganas de luchar contra la injusticia, contra el machismo y aún así.... tenía en mi interior reproches ante mi madre de no comportarse como una abuela de toda la vida con su nieto. Muy injusta. Ni mi padre ni mi madre eran abuelos entregados y en mi mente la decepción mayor la encarnaba mi madre. Porque de un hombre no sorprende debe ser, pero de una mujer....
Así era yo ahora esa madre que anteponía su hijo a su descanso, a su vida. Y aún viendo bien que la pareja tenga momentos en pareja sin los hijos, hasta que ese niño no tuvo año y medio yo, era incapaz de dejarle con nadie. Nunca he visto mal que alguien lo hiciera. Pero hacerlo yo... me hacia sentir malamadre.
Así que sintiendome malamadre, tiempo después también me siento malahija. Por demandar más en ella que en otros.
Desde el momento que se es madre ya ese rol es el motivo para todo. No poder trabajar, ni ambicionar, ni salir, ni entrar porque alguien tiene que cuidar a ese nuevo ser. Y como de todos es sabido desde que el mundo es mundo. Como una madre no hay nada. Por eso debe ser que el permiso de maternidad es tan importante, y el de paternidad tan efímero.
Así somos, malasmadres por no querer solo madres.


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